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La señora María, cuento de navidad

Hola mujer ¿fuiste ya a encargar el pavo de navidad? Mira que te lo he dicho muchas veces y al final, tendré que llamar yo a la señora Pepita para que nos aparte uno. No, si ya me conozco tus excusas, que si el niño, si la escuela, el abuelo, las vecinas,… ahí quería yo llegar, la señora María. La del cuarto segunda. Se ha de terminar. Esa mujer es una mala influencia para ti, esta relación va a acabar con nuestra familia. Además, he oído que la tal señora esconde un terrible pasado y no quiero por nada del mundo que nos relacionen con semejante bruja. El señor alcalde asegura que es una mujer conflictiva y que siempre causa problemas. Yo, no le voy a quitar la razón. Sin ir mas lejos, en esta escalera, las veces que hemos disputado por esa manía suya de los domingos. Si, la de desayunar en la terraza casi desnuda, a la vista de todo el vecindario, sin reparar en los niños, a los que arrebata su inocencia. Esa mujer es un mal ejemplo y tu, todo el día dale que te pego a la lengua con semejante arpía. Pero, qué tienes que hablar tu con esa desvergonzada! Espero que no le cuentes ningún detalle de nuestra vida, ya sería el colmo. Te digo esto, porque ayer me la crucé en el portal y me atravesó con la mirada. ¿Qué le has contado tu de mi? Yo a esa señora solo le doy los buenos días por educación y no voy a consentir que se crea en disposición de juzgarme. ¡Habrase visto! El párroco, don Jacinto, cuenta que no practica el sacramento de la confesión, y sólo va por la iglesia cuando no hay feligreses a ponerle unas flores a san Francisco, el de los animales, a quién sino, tiene la casa llena de gatos, cualquier día cogemos una infección que nos muda al cementerio. Por no hablar de las palomas, cuando todo el mundo sabe que no se debe dar de comer a la palomas. Parece una loca, con las bolsas de pan, sentada en el banco de la plaza envuelta de esas ratas con alas. ¿Que te da pena dices? ¿Que está sola? Pobrecita. Ella se lo habrá buscado con todas sus excentricidades. Esta es una comunidad seria, que predica la decencia. Practicamos la virtud de la caridad, pero la caridad hay que merecerla. Ha de mostrar un poco de arrepentimiento y humildad para que los demás podamos realizar nuestro ministerio de buenas obras. No pretenderás que tendamos una mano al que continuamente nos la muerde poniendo en peligro la convivencia. Es altanera y desafiante. ¿Viste lo que hizo a la estatua que inauguramos del prefecto Montoya? ¡Le partió la nariz! ¿Que como se que fue ella? Quién sino. La oí decir que el prefecto Montoya fue el mayor ladrón de la nación. El, que nos condujo a la más larga época de prosperidad. Mancillado por esa majadera! No, Lolita, quiero que te alejes de esa horrible mujer de una vez por todas. No quiero que nuestra posición en la comunidad se vea afectada por tus amistades inapropiadas. Ya sabes que la semana que viene el juez García va a nombrar sustituto, y tengo depositadas muchas esperanzas en ese puesto de responsabilidad. El cabildo confía en mi capacidad, demostrada todos estos años, de ser un hombre justo. Tu lo sabes querida mía, he mediado en multitud de disputas entre hombres de bien, con resultados de admirada resolución y ecuanimidad. También es legendaria mi fama de enemigo implacable de cualquiera que perturbe la paz. No, no lo permitiré. Esa mujer es el diablo. El mas mínimo contacto nos puede llevar al abismo. Para que lo sepas, he cursado una denuncia esta misma mañana ante la comisión, advirtiendo del peligro que supone, para si misma y para los demás, su inapropiado comportamiento autista y comunitariamente lesivo. He recomendado que se la interne en un centro de salud mental donde puedan ayudarla, con vistas a reinsertarla en la sociedad, a reconocer y a expiar su culpa.

XXXIII – Joan Margarit: «Si Espanya ens roba, és culpa nostra»

Joan Margarit: «Si Espanya ens roba, és culpa nostra»

 

Con el engaño mutuo mediante falsas acusaciones y tergiversaciones, se ha provocado un gran retraso en la consecución de los auténticos objetivos. Ahora, las muestras de insatisfacción crecen en todas direcciones y son indicativos claros de que los objetivos no se han cumplido.

 

La sabiduría del Dalai Lama

Tenzin Gyatso, XIV Dalai Lama del Tíbet